Durante un tratamiento facial profesional, la piel pasa por una secuencia de cuidados diseñados a medida. Cada etapa tiene un propósito: preparar, tratar, equilibrar y proteger.
Valoración inicial
Se observa el estado de la piel, posibles sensibilidades y objetivos estéticos para definir el protocolo.
Preparación y limpieza
Se depuran impurezas y se prepara la superficie cutánea para que los activos o técnicas posteriores trabajen mejor.
Tratamiento específico
Según el facial elegido, se trabaja hidratación, iluminación, calma, firmeza o control de grasa, siempre con criterio profesional.
Cierre y recomendaciones
Se finaliza con cuidados que aportan confort y se orienta sobre hábitos posteriores para sostener los beneficios.